Dicen las malas lenguas
Que es pronto amor
Que es pronto para que nos amemos
Dicen los envidiosos
Que es pronto
Para lanzarse a una aventura ciega
A la distancia que amenaza
Con separarnos
Sin lograrlo
Dicen los desaprensivos
Que es pronto cariño mío
Para saber si funcionara
Para aferrarse al otro
A pesar de las adversidades
Pronto, que es pronto
Pronto para qué
¿Es alguna vez pronto para ser feliz?
¿Cuándo deja de ser pronto
Para amar
Para conectar con los propios sentimientos
Y sentirse más vivos que nunca?
Pronto, que es pronto
Pronto para la vida, para el amor, para la felicidad
Pronto, que es pronto
Dicen que es pronto
Los que llegan a todo tarde
Sunday, April 23, 2006
Friday, April 21, 2006
LA DESNUDEZ DEL ALMA
Mi alma desnuda
Frente a ti
Sin vergüenza
Sin miedos
Sin reproches
Desnuda
Se pasea ante ti
En tu presencia
Y en tu ausencia
Mi alma toda
Y sabe que te ama
Desnuda
En su desnudez
Certera mi alma
Frente a ti
Sin vergüenza
Sin miedos
Sin reproches
Desnuda
Se pasea ante ti
En tu presencia
Y en tu ausencia
Mi alma toda
Y sabe que te ama
Desnuda
En su desnudez
Certera mi alma
DESNUDA
Sunday, April 16, 2006
REVOLUCIONARIOS
Revolución
En mi cuerpo
En mi corazón
En mi alma toda
Revolución
Causada por unos ojos oscuros
Que tienen la más mágica mirada;
Por unos labios perfectos
Que tienen la frase perfecta
Y los besos más tiernos;
Por unas manos revolucionarias
Capaces de destruir y crear el mundo:
Mi mundo.
Manos suaves y tiernas
Llenas de fuerza y de caricias plenas;
Por unos brazos que llevan el mundo en ellos
Que me abrazan cuando duermo y cuando no duermo
Porque su abrazo me perturba el sueño;
Por un ser todo que tiene la palabra justa,
El silencio justo, la sonrisa justa
Un ser justo en el justo momento
Para mi ser justo en el instante preciso.
En mi cuerpo
En mi corazón
En mi alma toda
Revolución
Causada por unos ojos oscuros
Que tienen la más mágica mirada;
Por unos labios perfectos
Que tienen la frase perfecta
Y los besos más tiernos;
Por unas manos revolucionarias
Capaces de destruir y crear el mundo:
Mi mundo.
Manos suaves y tiernas
Llenas de fuerza y de caricias plenas;
Por unos brazos que llevan el mundo en ellos
Que me abrazan cuando duermo y cuando no duermo
Porque su abrazo me perturba el sueño;
Por un ser todo que tiene la palabra justa,
El silencio justo, la sonrisa justa
Un ser justo en el justo momento
Para mi ser justo en el instante preciso.
Sunday, April 09, 2006
Crepusculo
Las nubes se retiran; un rayo tenue de luz ilumina la tarde. La plaza bajo el cielo rosado, con las campanas repicando a lo lejos. Los abuelos bajan a charlar sobre los bancos y las parejas corren a esconderse bajo el crepúsculo hiriente. A entregarse los besos que marcarán las horas por venir, las que poblarán los recuerdos del futuro. Un niño juega con un perro. Los niños más grandes corren tras el balón. Me he sentado a tomar café en la plaza, con mis libros, mis cuadernos, mis notas. El camarero bromea, me dice que es tarde, que no podré dormir. Y está en lo cierto, es tarde, te perdí hace mucho tiempo; te pienso, te pensaré hasta que el alba anaranjada venga a encontrarme, a susurrarme, con suavidad, con cariño, que está amaneciendo, que es otro día, que debo levantarme, seguir viviendo, seguir adelante.
La paz intranquila de amarte en mis venas
Amor mío estás presente en mis pensamientos al despertar, en lo más profundo de mi ser, en el llanto tranquilo de la ciudad. Estoy triste, y contenta. Porque soy una persona feliz, porque no puedo evitar ser positiva, luchadora y optimista. Pero estoy triste, soy tu niña de ojos tristes, de corazón cansado. Paciente y viajera en el tiempo como en el espacio. Preparada, siempre con el salvavidas a cuestas. Sé que hay un mundo ahí afuera, y lo vivo, todo lo intensamente que puedo. Sé que hay mucha gente estupenda, interesante, otros brazos, otra boca, otro corazón, que en algún lugar me espera. Pero yo, o al menos mi pobre corazón anhelante, espero tu regreso, porque siento la certeza, la paz intranquila de amarte en mis venas. De saber que eres tú, pero puede ser otro. De saber que te he encontrado, tras bastante tiempo. Que no quiero salir ahí, aunque ya esté fuera. Que no quiero regresar sino empezar de nuevo. Que no quiero presionarte, aunque te anhele tanto. Que no quiero perderte, aunque ya no seas mío.
Londra
El otoño, que en estas latitudes no es ocre, amante de esta ciudad de luces y jóvenes europeos delirantes, ha vuelto a visitarla. Caen los días breves, ligeros. Se nos acerca anunciando el invierno con suavidad. Aun el sol nos acaricia con algún rayo melancólico que cae sin alegría. La ciudad nos va invitando a cambiar los planes, a encontrarnos en cafés, al calor de algún anfiteatro lleno de espíritus inquietos, que impacientes, esperan el inicio de la función. Nos cruzamos presurosos sobre los puentes, corremos hacia trenes que nos llevan de regreso, siempre de regreso. Mi ciudad es una ciudad misteriosa, una chica que se hace la interesante, que nos aporta y nos enseña, que nunca se hace nuestra. Es difícil a veces convivir con ella, se vuelve caprichosa, dura, triste. Pero sigue siendo mi niña de ojos tristes, mi elegida, la que he querido desde siempre. A ella vuelvo, por ella he dejado una niña alegre, llena de historia y arte, una niña cálida, que se empeñaba en ser mía, en hacerme los días llevaderos, fáciles, felices. Por las líneas de sus manos volaba veloz sobre dos ruedas, atravesando cada calle, cada plaza, cada puente. Me dio un ancla y dos alas, me dijo “haz lo que quieras, yo te he enseñado donde está tu corazón, te he recordado cómo usarlo, ahora síguelo”. Y me puse las alas para subir a un tren que me alejaba de ella, echando un poquito el ancla, dejando una pequeña parte de mí con ella. He vuelto a mi amada ciudad gris. Aquí estoy, y es fría, como siempre, me deja estar a su vera, en su compañía, pero sin demasiadas esperanzas o ilusiones. A pesar de todo, yo la quiero, me gusta en mi vida su presencia, es siempre y será mi niña de ojos grises.
Rutina
La gente pasa, apresurada, ocupada en su vida, ¿qué vida? Son ocupaciones, cadenas de deberes, carreras de un lado a otro. ¿Qué diferencia un día tras otro en la cadena uniforme de jornadas? Quizá una sonrisa, unos ojos amables que se posaron sobre los nuestros, intentando discernir, descubrir el fondo, áquello que fuimos antes de perdernos en nuestra propia rutina.
Beso al amanecer
Me has besado en la ventana.
Ante el cielo, ante los tejados ocres,
ante el sol y las nubes.
En la ventana abierta me has abrazado
y me has besado ante el cielo infinito.
Ante la ciudad que aun dormía,
ante los pájaros despertando a penas
y el bien despierto sol.
Ante la vida misma, ante el concepto de dios.
Me has besado, en la ventana abierta,
abriendo de par en par
la ventana que asoma a mi corazón.
Ante el cielo, ante los tejados ocres,
ante el sol y las nubes.
En la ventana abierta me has abrazado
y me has besado ante el cielo infinito.
Ante la ciudad que aun dormía,
ante los pájaros despertando a penas
y el bien despierto sol.
Ante la vida misma, ante el concepto de dios.
Me has besado, en la ventana abierta,
abriendo de par en par
la ventana que asoma a mi corazón.
En cada rincon del mundo
Te he buscado en direcciones equivocadas. En rincones abandonados del tiempo y del mundo. En palabras sólo pensadas y versos inéditos. Te he buscado entre las multitudes de la ciudad, en los paisajes que se sucedían desde el tren, en la sonrisa de la camarera, en el fondo del café. Te he buscado y no estabas, pero yo te he visto, más hermoso que nunca, te he visto reflejado en cada rincón del mundo, en cada sueño, desde el fondo de las niñas de mis ojos.
Tu risa
Sin tú saberlo te echaré de menos. Me faltará tu risa bajo los cielos grises. En la calle fría bajo la lluvia, en la humedad de la tarde que muere dejándonos naufragar en cada charco, me faltarás. Recordaré tu sonrisa donde vaya, cuando me ofrezcan té y los paraguas pueblen la ciudad. Cruzando los puentes luchando con el viento, siempre a contracorriente, retornará tu risa, tus bromas, tu buen humor. Me faltarás ante las serias miradas de los viandantes, ante el gesto fruncido de los viajeros del tren, me faltará tu risa en los silencios, en el parque vacío. Cuando me partan el corazón y sienta ganas de llorar, recordaré tu risa y me faltarás.
Al despertar
Como uno de esos sueños que se han vivido durante la noche y desaparecen apenas entra la luz de la mañana por la ventana a acariciarnos la cara, esos sueños que nos dejan un vago recuerdo de algo que sabemos con certeza que ha ocurrido – en otro plano de la realidad, quizá en otro mundo, pero ha ocurrido – aun quedando sólo como una sombra en la conciencia del día, así has sido tú. Un sueño, una sombra, un vago recuerdo que entra y suavemente sale de mi vida. Eres un sueño liviano, dulce, que me besaba los ojos mientras dormía, que acarició mi seno con su latido. Y que al abrir los ojos se desvaneció con suavidad, borrándose de su presencia las huellas lentamente con cada segundo.
Naufragio/ Lo incomprensible
Yo no entiendo nada ahora. No comprendo el porqué de tu alejamiento cuando todo parecía mejorarse, cuando nos abrimos tanto y parecimos tan cercanos. Nada tiene sentido para mí ahora. Ahora que te pienso y te anhelo, que anhelo tu presencia, tu voz, tus manos. Y no te encuentro. No entiendo el porqué de tu comportamiento. Me has buscado en la niebla, en los días en que yo ponía distancia entre nosotros. La recorriste toda para acercarte a mi orilla. Atravesaste el mar que interpuse entre nosotros. Viajaste a través de las dificultades. Y una vez que llegaste a mi isla y la poblaste, una vez que mi corazón dejó de ser una isla desierta, te has marchado, dejando mi ser todo en tinieblas, sin saber si volverás, el porqué de tu lejanía, qué pretendes, qué te inquieta. No comprendo este viaje que has hecho a través del tiempo, no comprendo a dónde estás llegando ni dónde me has llevado. No comprendo al marinero ni sé de qué está hecho el barco, no entiendo por qué no se alzan las velas, sólo entiendo que de repente, vivimos un naufragio.
El pintor de arco iris
Porque los días van pasando unos tras otros, sucediéndose como las gotas de agua se suceden en la lluvia. Porque se suceden sin más y no podemos retenerlos sino en nuestra memoria, te escribo, amigo. He querido decirte tantas cosas que nunca he osado desde que te conozco. He querido explicarte que los días tienen un color, o muchos colores. Que me has pintado los días de celeste y un rosa anaranjado. Que si me sonríes el día tiene una nota de verde esmeralda y que si me miras a los ojos con el corazón el día se torna de un púrpura intenso que me envuelve. Quería explicarte el misterio de los colores. El misterio de los días que se suceden. Quería contarte que sin tu presencia (física o no) en mi vida, los colores se escapan de mis días. He querido explicarte de qué manera eres ya un pintor consagrado sin saberlo. Tus pinceles son tus ojos, tu boca, tus manos. Tus pinturas son las emociones que me entregas. Y tu lienzo, tu pequeño lienzo anhelante soy yo.
El nomada eterno
Hoy me he preguntado qué nos hace sentirnos bien o mal en el lugar donde vivimos.
¿Por qué hay gente que no sale nunca de su país, de su ciudad de origen?
Se podría clasificar a las personas según su movilidad geográfica. Hay gente que no sale nunca de su país, de su ciudad de origen. Hay personas que salen, ocasionalmente, en vacaciones, pero jamás se plantearían siquiera vivir en el extranjero. Los turistas accidentales, los viajeros por placer. Están aquellos curiosos, que degustan el extranjero, viviendo un período corto en otro país, una misión o desplazamiento laboral, un año de estudios fuera, quién sabe qué pequeña ambición o curiosidad. Y están los trotamundos, los que sienten una atracción inmensa ante otros países y un deseo imperioso de integrarse en un gran número de culturas diversas.
Yo pertenezco a este último grupo, grupo de incomprendidos por tantos. Pero, ¿qué nos hace entrar en este grupo? El “nómada eterno”, ¿se nace o se hace? Yo nací. Desde que tengo memoria me sentía atraída por el mundo que estaba ahí fuera, llamándome, y que yo, humildemente quería poner “a mis pies”. Me hubiera gustado iniciar mi recorrido por el mundo desde que entré en el confuso mundo de la adolescencia, que yo, viví con bastante claridad, por otra parte. Me fue imposible. Esperé pacientemente la independencia, la posibilidad. Sabía que era una cuestión de tiempo. Diez años de espera y anhelo. Quizá por eso, ahora, tras ocho años fuera de mi patria, no sienta el deseo de volver inmediatamente, no he saciado mi sed de otros mundos.
Seguimos sin responder a la pregunta del porqué uno se dirige hacia otros lugares. ¿Es algo innato? En mi caso, hay una atracción enorme hacia los idiomas. También hacia la gente. Gente de todos tipos. Parece encajar. Los idiomas te permiten entender mejor a la gente, porque, a pesar de mis queridos amigos los traductores e intérpretes (una vez quise ser una), hay cosas intraducibles, sutilezas sólo expresables en un determinado idioma. Y un pueblo, muchas veces acaba distinguiéndose de otro por esas pequeñas sutilezas. Me resulta indispensable aprender el idioma de alguien que quieres conocer bien. (Por eso no entiendo esas raras parejas mixtas que no intentan aprender la lengua del otro). Otro factor sería, que al hablar varios idiomas, puedes permitir comunicarse entre sí a dos personas que sin ti no podrían (sigue en mí de algún modo esa vocación de intérprete casual).
Resumiendo, hay ganas de aprender idiomas, y para ello se debe ir al país de origen. Y ganas de conocer a gente, gente diversa.
Para mí es fácil encontrar la felicidad en este modo: viajando por el mundo, instalándome por períodos en otros países, en otras ciudades. Descubrir sus maravillosos rincones secretos, y su gente, siempre sorprendente. Pero, no todo es perfecto para los eternos nómadas; este modo de vida, tiene sus contrapartidas. Y es que, uno que ama la gente, compartir y crear amistades, sufre siempre al ir dejándolas cada vez en un nuevo lugar, esparcidas por el mundo. Y duele, duele el saber, que una vez iniciado el proceso no hay marcha atrás, que nunca podrás estar a la vez en todas esas ciudades ni con todas esas personas. Cuando se parte, la ciudad y sus gentes se quedan, como el eco infinito de etéreas campanas en el aire de la tarde, doblando por siempre en el corazón.
¿Por qué hay gente que no sale nunca de su país, de su ciudad de origen?
Se podría clasificar a las personas según su movilidad geográfica. Hay gente que no sale nunca de su país, de su ciudad de origen. Hay personas que salen, ocasionalmente, en vacaciones, pero jamás se plantearían siquiera vivir en el extranjero. Los turistas accidentales, los viajeros por placer. Están aquellos curiosos, que degustan el extranjero, viviendo un período corto en otro país, una misión o desplazamiento laboral, un año de estudios fuera, quién sabe qué pequeña ambición o curiosidad. Y están los trotamundos, los que sienten una atracción inmensa ante otros países y un deseo imperioso de integrarse en un gran número de culturas diversas.
Yo pertenezco a este último grupo, grupo de incomprendidos por tantos. Pero, ¿qué nos hace entrar en este grupo? El “nómada eterno”, ¿se nace o se hace? Yo nací. Desde que tengo memoria me sentía atraída por el mundo que estaba ahí fuera, llamándome, y que yo, humildemente quería poner “a mis pies”. Me hubiera gustado iniciar mi recorrido por el mundo desde que entré en el confuso mundo de la adolescencia, que yo, viví con bastante claridad, por otra parte. Me fue imposible. Esperé pacientemente la independencia, la posibilidad. Sabía que era una cuestión de tiempo. Diez años de espera y anhelo. Quizá por eso, ahora, tras ocho años fuera de mi patria, no sienta el deseo de volver inmediatamente, no he saciado mi sed de otros mundos.
Seguimos sin responder a la pregunta del porqué uno se dirige hacia otros lugares. ¿Es algo innato? En mi caso, hay una atracción enorme hacia los idiomas. También hacia la gente. Gente de todos tipos. Parece encajar. Los idiomas te permiten entender mejor a la gente, porque, a pesar de mis queridos amigos los traductores e intérpretes (una vez quise ser una), hay cosas intraducibles, sutilezas sólo expresables en un determinado idioma. Y un pueblo, muchas veces acaba distinguiéndose de otro por esas pequeñas sutilezas. Me resulta indispensable aprender el idioma de alguien que quieres conocer bien. (Por eso no entiendo esas raras parejas mixtas que no intentan aprender la lengua del otro). Otro factor sería, que al hablar varios idiomas, puedes permitir comunicarse entre sí a dos personas que sin ti no podrían (sigue en mí de algún modo esa vocación de intérprete casual).
Resumiendo, hay ganas de aprender idiomas, y para ello se debe ir al país de origen. Y ganas de conocer a gente, gente diversa.
Para mí es fácil encontrar la felicidad en este modo: viajando por el mundo, instalándome por períodos en otros países, en otras ciudades. Descubrir sus maravillosos rincones secretos, y su gente, siempre sorprendente. Pero, no todo es perfecto para los eternos nómadas; este modo de vida, tiene sus contrapartidas. Y es que, uno que ama la gente, compartir y crear amistades, sufre siempre al ir dejándolas cada vez en un nuevo lugar, esparcidas por el mundo. Y duele, duele el saber, que una vez iniciado el proceso no hay marcha atrás, que nunca podrás estar a la vez en todas esas ciudades ni con todas esas personas. Cuando se parte, la ciudad y sus gentes se quedan, como el eco infinito de etéreas campanas en el aire de la tarde, doblando por siempre en el corazón.
Despertar
He despertado. He vuelto a escribir. He vuelto a componer versos. He vuelto a derramar tranquilamente una lágrima al oír una canción. He vuelto a llorar al recordar todo aquel amor que perdí siendo una niña. He vuelto a soñar. He vuelto a desear. He vuelto a cantar a todas horas. A sentir, a emocionarme, a enternecerme en otros brazos y a anhelar ciertos besos. He despertado de nuevo a la vida. Qué paz esa falta de paz, qué maravilla dejar de existir para estar de nuevo viva.
[Roma, 2005]
[Roma, 2005]
Si te quiero
Me han preguntado si te quiero,
Si aun te quiero
Yo me pregunto si me quieres
Si me has querido
Si realmente, una vez, nos quisimos
En la noche infinita
No hay una sola respuesta a todas
Nuestras preguntas
En la noche que se cierne,
Las respuestas están abiertas
Como estuvimos una vez abiertos
Al diálogo, a intentar sin lograrlo,
Entendernos
Si aun te quiero
Yo me pregunto si me quieres
Si me has querido
Si realmente, una vez, nos quisimos
En la noche infinita
No hay una sola respuesta a todas
Nuestras preguntas
En la noche que se cierne,
Las respuestas están abiertas
Como estuvimos una vez abiertos
Al diálogo, a intentar sin lograrlo,
Entendernos
Noches de magia y alquimia
Aun te pienso, aun te sueño, aun te anhelo.
Te pienso aun teniéndote distante
Te anhelo sabiéndote cerca
Te sueño en las frías noches de este invierno
En el calor de mi hogar, acaricio tu recuerdo,
El recuerdo de una noche mágica en que, por una vez,
No cedí a mi deseo y mi pasión,
A la sangre latina que me bullía en las venas con tu cercanía
Con el roce de tu presencia
Intento olvidar aquella noche de alquimia
A veces, sólo a veces.
Y en noches como hoy,
En que una voz me dice que ha sentido
Que le han dicho que sabían que nos deseábamos
Que el lenguaje corporal nos traicionaba
Pienso en ti de nuevo,
En noches de magia y alquimia
Que deje pasar
Porque ya entonces era consciente de su toxicidad
Te pienso aun teniéndote distante
Te anhelo sabiéndote cerca
Te sueño en las frías noches de este invierno
En el calor de mi hogar, acaricio tu recuerdo,
El recuerdo de una noche mágica en que, por una vez,
No cedí a mi deseo y mi pasión,
A la sangre latina que me bullía en las venas con tu cercanía
Con el roce de tu presencia
Intento olvidar aquella noche de alquimia
A veces, sólo a veces.
Y en noches como hoy,
En que una voz me dice que ha sentido
Que le han dicho que sabían que nos deseábamos
Que el lenguaje corporal nos traicionaba
Pienso en ti de nuevo,
En noches de magia y alquimia
Que deje pasar
Porque ya entonces era consciente de su toxicidad
Subscribe to:
Posts (Atom)
